Razones para hacer un voluntariado

En la entrada de hoy os cuento qué motivos pueden llevaros a hacer un voluntariado, dónde hacerlo, y qué aporta (a la sociedad y a vosotros). Espero que mis palabras os sirvan de inspiración y os animen a dedicar algo de vuestro tiempo libre a otras personas o a alguna causa que resuene con vosotros.

Introducción

Como ya os comenté en la entrada 51 cosas sobre mí, he tocado fondo varias veces. La última lo pasé realmente mal, la verdad. Pero llegó un punto en el que me cansé de la letanía que sonaba constantemente en la radio de mi cabeza: «a mí me ocurre esto, a mí me va a pasar lo otro, ay pobre de mí…» Creo que me comencé a hartar de mi discurso mental gracias a la meditación porque, a través de ella, empecé a tomar más conciencia de mis pensamientos.

Por qué decidí hacer un voluntariado

Poco a poco empezó a germinar una idea en mí cuyos inicios fueron algo egoístas: pensé que si dedicaba parte de mi tiempo libre a los demás o a alguna causa que me motivara…

  • Tendría menos oportunidades para estar rumiando mis «desgracias».
  • Me sentiría útil.
  • Aportaría valor a alguien y/o a algo.

Y en esas andaba cuando una noche, volviendo de patinar, iba en el coche de regreso a casa y, estando parada en un semáforo, escuché un anuncio en la radio de hacesfalta.org, en la que animaban a registrarse en su web o a través de su app para participar en algún voluntariado.

Al día siguiente me metí en su página y rellené el formulario con mi información personal, profesional… Y este fue el texto de mi carta de motivaciones:

A quien corresponda,

Mi nombre es Lorena y me encantaría dedicar parte de mi tiempo libre a colaborar con personas y/o causas que lo necesiten. Creo que el beneficio sería mutuo, dado que a mí me ayudaría a sentirme útil y a desarrollarme a nivel personal (disminuiría mi ego, aumentaría mi compasión…).

Reciba un cordial y afectuoso saludo.

PD. Una vez leí: «Lo importante no es qué te trajo a la vida, sino qué traes tu a la vida».

Fundación FADE

Dentro de los voluntariados a elegir habían de múltiples y diversas temáticas: cultura y arte social, deportes, inmigración, medio ambiente, personas con discapacidad, en riesgo de exclusión social… Después de ojear varios, hubo uno que me llamó especialmente la atención: consistía en realizar actividades con niños ingresados en uno de los hospitales de mi Región.

Pues bien, pasaron varios días y mi solicitud pasó de leída a preseleccionada, y así fue como la Fundación FADE contactó conmigo, y con algunas personas más, para mantener una reunión.

En aquel encuentro nos explicaron quiénes era, qué hacían… y para mi desilusión nos dijeron que el voluntariado con niños hospitalizados estaba ya copado por voluntarios dado que tenía mucho éxito, y que preferían redistribuirnos entre los que estuvieran faltos de personal.

A mí se me vino un poco el mundo encima porque pensaba que no me iba a sentir cómoda en ningún otro, hasta que me explicaron en qué consistía el voluntariado en el hospital con adultos.

Voluntariado en el hospital

Pues bien, por unos instantes yo ya me veía cambiando cuñas a los enfermos o algo así, pero nada más lejos de la realidad. El voluntariado en el que yo participo consiste en lo siguiente:

  • Vamos los sábados de 10:30 a 12:30 y cogemos nuestro carrito con libros y revistas que nos donan (somos como una biblioteca móvil, por así decirlo).
  • Pasamos por todos los pasillos de todas las plantas del hospital.
  • En aquellas habitaciones que están abiertas, que suelen ser la mayoría, nos fijamos si los pacientes que están dentro están solos o acompañados.
  • Si nos damos cuenta de que alguno está solo, con mucha educación, desde la puerta, le preguntamos si quiere alguna revista o quedarse en préstamo algún libro. Si le apetece una revista se la damos y ya está, y si quiere una novela la apuntamos en un registro.
  • Cuando terminamos, apuntamos el nombre del paciente, su habitación, si estaba solo, si agradecía la visita, si pedía que le volvieran a ver, etc.

En realidad el préstamo de libros es una excusa para no entrar sin más al cuarto porque, al final del día, son muy pocas las monografías que dejamos: o bien porque no les apetece leer, no saben, les incomoda hacerlo tumbados, la letra es pequeña para ellos… Pero es el pretexto perfecto para entablar una conversación que puede durar lo que el paciente quiera o nuestro sentido común nos dicte (tampoco es cuestión de fatigarles).

Algunas historias reales

A continuación os voy a contar algunas historias reales para que os hagáis una idea del tipo de personas con las que tratamos, evidentemente, los nombres van a ser ficticios:

  • Bastante gente (sin nombre ni apellidos): nos miran con desconfianza, algunos piensan que somos de alguna religión y que queremos soltarles algún sermón, otros nos dicen que no llevan dinero encima (eso siempre me hace mucha gracia), otros preguntan que cuánto cuestan los libros, etc.
  • Marisa, limpiadora de una planta del hospital. Según me contó tenía un pequeño grado de deficiencia intelectual pero, además de limpiar en el centro médico, se está preparando una oposición de celadora (me quito el sombrero). También me preguntó que si nos pagaban bien porque se estaba planteando cambiar de empleo. Cuando le dije que en el voluntariado no cobrábamos nada me miró con cara de sorpresa y me preguntó que entonces cuál era el motivo por el que estábamos allí.
  • Anna, ucraniana. Fue a la primera persona a la que visité en el voluntariado. No hablaba nada de español ni de inglés. Nos comunicábamos con ella a través del traductor del móvil. Era muy joven y tenía cáncer. La congregación religiosa a la que pertenecía en su país se había puesto en contacto con una iglesia de Torrevieja (Alicante) y habían conseguido traerla aquí para que la trataran. Estaba sola, sin amigos ni familiares. Nunca he visto a nadie con la cara tan dulce, tan sonriente, y que agradeciera tanto nuestra visita.
  • Pepe. Su mujer había salido y estaba más cabreado «que una mona» porque él pensaba que ese día le iban a dar de alta pero no había sido así. Se quedó sin ir a pescar doradas esa noche y me mostró en el móvil sus últimas capturas.
  • Musa, senegalés. Estaba solo y tan sólo fuimos capaz de hablar un poquito en inglés.
  • Luis (la persona ingresada) y Manuela (su acompañante). Sus risas se oían desde el pasillo. No quisieron ningún libro, pero nos contaron su historia: llevaban juntos más de 70 años y nos confesaron su secreto para tal éxito. Nunca he visto tanta complicidad entre una pareja.
  • Marina, de 16 años. En ese momento estaba sola y aprovechaba para hacer los deberes del instituto.

Qué me aporta a mí el voluntariado (y qué te puede aportar a ti también)

A continuación os cuento algunos de los beneficios que me ha aportado el voluntariado y que también os puede aportar a vosotros si os animáis a hacer éste o cualquier otro:

  • Cada vez que voy al hospital doy gracias por estar sana.
  • Cuando salgo por la puerta suspiro aliviada porque yo no me tengo que quedar ingresada «sí o sí».
  • Cuando termino doy gracias hasta por poder sentir el calor asfixiante, el frío entumecedor, el ruido del tráfico…
  • Doy gracias por tener intimidad cuando llego a casa: en el hospital tan sólo un fina cortina te separa de tu compañero de habitación y casi siempre estás «de escaparate» para todo el que pasa por el pasillo.
  • Doy gracias por no ser dependiente de otras personas, máquinas o medicamentos.
  • Realizar el voluntariado me hace sentirme plena.
  • Es una tarea dura (ves, oyes e incluso hueles de todo), pero muy gratificante.
  • Siento que estoy aportando algo a la sociedad.
  • Siento que esta tarea encaja con mi sistema de valores.
  • Sé que estoy haciendo algo útil.
  • Es un tiempo en el que estoy presente (no rumiando el pasado ni el futuro).
  • Es un rato para mí (aunque lo comparta con los demás).
  • He aprendido a ser menos aprensiva con los centros sanitarios, con las personas enfermas y con las enfermedades y dolencias en sí. No es que me esté volviendo una persona insensible, sino que estoy normalizando estas cuestiones.
  • He aprendido a valorar la santa paciencia, el coraje, la dedicación, etc., de muchos de los trabajadores del hospital.
  • Estoy empezando a relacionarme con normalidad con todo aquello que tenga que ver con el cáncer, cuestión que hasta ahora me daba auténtico pavor (y que en parte sigo temiendo).
  • Estoy conociendo gente (las otras voluntarias).
  • Al hilo de lo anterior, el resto de voluntarias tienen entre 16 y 17 años y me admira, maravilla y sorprende, su madurez y sus valores.
  • El voluntariado, en definitiva, me ayuda a reflexionar, a abrir la mente y a crecer.

Reflexión final

Como habréis podido comprobar, son muchas las historias que hay detrás de cada puerta: algunas reales, otras inventadas por los desvaríos de la edad o de la enfermedad. Podría tirarme tres días seguidos escribiendo anécdotas y no terminaría, pero también podría tirarme otros tanto enumerando a las personas que están solas en el hospital (algunas durante un rato, otras durante toda su estancia).

Espero, de corazón que cuando terminéis de leer esta entrada pero, sobre todo, el apartado Qué aporta el voluntariado, penséis (al igual que yo):

«¿Quién aporta más a quién?»

En mi caso, sin duda, el voluntariado a mí.

Finalmente, aprovecho para animaros una vez más a dedicar algo de vuestro tiempo libre a otras personas o a alguna causa que resuene con vosotros.

Si finalmente lo hacéis, ¿qué tipo de voluntariado os gustaría más? Me encantaría leerlo en los comentarios.

Os animo a seguir mi día a día y mis viajes en Instagram @soylorenasolis

Namasté

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